Toda generalización es siempre injusta, porque mezcla grano y paja en una equívoca emulsión. Pero si no faltan en cualquier profesión, incluidas aquellas que debieran hacer gala de mayor generosidad y entrega, quienes piensan más en sus intereses que en hacer de sus vidas un modelo de humanidad, también abundan los ejemplos de personas que se decantan y movilizan por compartir y aliviar el dolor ajeno y que para ello encuentran los más dispares recursos.
Ciudadanos universales. Individuos que luchan vigorosamente contra la injusticia y la discriminación, contra el hambre y el analfabetismo, contra cualquiera de las lacras que laceran la existencia de los más vulnerables. Personas de espíritu solidario que buscan vías para lidiar con los males del mundo, caminos cuyo primer jalón suele estribar en la denuncia y en el testimonio. Muchos periodistas y reporteros gráficos han pagado con su vida el ejercicio de una vocación que les impulsa a desenmascarar la iniquidad de una hipócrita sociedad volcada en malsanos intereses y donde la información es la primera víctima.
En una cultura dominada por la imagen, que dicen puede llegar a valer por mil palabras, retratar el impacto de la pobreza y la exclusión social implica la aparición de brotes verdes que quizás algún día se alcen como fornidos árboles. Ese es justo el objetivo del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña, convocado por Médicos del Mundo, y que lleva el nombre del cooperante fotógrafo y periodista asesinado en Ruanda en 1997. Este certamen, ya en su XVI edición, busca la complicidad del artista con la miseria humana y aspira a servir como un inmenso eco para multiplicar su grito solidario en pro de los desheredados.
Publicado en El Periódico de Aragón, el 28 de setiembre de 2012
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